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Aradia Evangelio de las Brujas Cap 13 fanfic fanfic


2015-09-27 Popularidad 936 Visitas


Diana y Los Niños

Por fin encontre la forma de publicar, tal vez suva novelas ligeras y Web Novels o como se escriba


Había una vez en Florencia una familia noble, pero tan pobre que sus días de
fiestas eran contadísimos. Sin embargo, vivían en un viejo palacio (que estaba en la
calle ahora llamada La Vía Cittadella), que era un elegante edificio antiguo, y así
que ellos mantenían una apariencia valiente ante el mundo, aunque había muchos
días en los que no tenían apenas algo para comer.
Un gran jardín rodeaba el palacio, en él había una antigua estatua de mármol de
Diana, representada como una hermosa mujer que parecía estar corriendo con un
perro por su lado. Tenía un arco en la mano, y en la frente lucia una pequeña luna.
Y se decía que por la noche, cuando todo estaba tranquilo, la estatua cobraba vida
y se escapaba del jardín no regresando a él hasta que el sol empezaba a subir en el
firmamento.
El padre de la familia tuvo a dos niños, que eran buenos e inteligentes. ¡Un día
llegaron a casa con muchas flores que les habían regalado, y la niña le dijo a su
hermano: "La hermosa dama del arco debería tener algunas de éstas flores!"
Diciendo esto, colocaron las flores ante la estatua e hicieron una guirnalda, que el
chico colocó en la cabeza.
En ese momento entro en el jardín el magnifico mago y poeta Virgil, quien lo sabia
todo acerca de los Dioses y las Hadas y dijo sonriente: "Habéis ofrecido
correctamente las flores a la Diosa, igual que se hacia en la antigüedad; ahora todo
aquel que permanezca aquí deberá pronunciar la oración apropiada, que es la
siguiente:"
Y él pronunció la invocación a Diana:
¡Encantadora Diosa del arco!
¡Encantadora Diosa de las flechas!
De todos los sabuesos y de toda la caza
Tu que proteges el cielo estrellado
Cuándo el sol se hunde en su sueño
Tu que llevas la luna sobre tu frente,
Quién prefiere la persecución en la noche
A cazar en la luz del día,
Con tus ninfas musicales
Del cuerno – cazadora tu misma,
la más poderosa: Te invoco
Piensa, aunque solo sea por un instante,
¡En nosotros que te invocamos!
Entonces Virgil les enseñó también el hechizo que debe ser pronunciado para
conseguir algo bueno que se requiera en especial así como la buena fortuna
Diosa justa del arco iris,
¡De las estrellas y de la luna!
Poderosa Reina
¡De cazadores y de la noche!
Pedimos tu ayuda sagrada,
Que tu nos puedas conceder
¡La mejor de las fortunas!
Si atiendes a nuestra sagrada invocación
Y nos concedes la buena suerte,
¡Danos ahora como prueba una muestra!
Después de haberles enseñado esto, Virgil de fue.
Los niños fueron rápidamente a contar a sus padres todo cuanto había acontecido,
el padre, impresionado, les dijo que lo mantendrían en secreto, no contarían a
nadie ni tan solo una ligera insinuación de lo ocurrido. Pero lo que más les asombro
fue que a la mañana siguiente, cuando se levantaron y salieron al jardín, hallaron
frente a la estatua un ciervo recién cazado, con el que pudieron disfrutar de buenas
cenas durante muchos días; a partir de entonces no quisieron hacer juegos de
ninguna clase sobre ello, cuando el rezo con fervor había sido pronunciado. Había
un vecino de esta familia, un sacerdote, que odiaba completamente el culto a los
dioses de antaño, y a cualquiera que no perteneciera a su religión, un día,
paseando ante el jardín, vio la estatua de Diana adornada con rosas y otras flores.
¡Y se enfureció tanto que viendo una col tirada en la calle, la refregó en el barro y
la arrojó, goteando, sobre la cara de la Diosa diciendo: "Contempla, tu, mala bestia
de la idolatría, esta es la adoración que tienes de mi, que el diablo te lleve!"
¡Entonces el sacerdote oyó una voz en la penumbra, entre las densas hojas, y esto
es lo que dijo:”Esto esta bien! Ahora te advierto, tu ofrenda esta hecha, ahora yo
cumpliré mi parte del juego; por la mañana tendrás la respuesta."
Toda esa noche el sacerdote sufrió sueños horribles, y cuando por fin, justo antes
de las tres se durmió, se despertó repentinamente de una pesadilla en la que le
pareció como si tuviera algo pesado sobre su pecho. Y algo cayó realmente de él y
rodó por el suelo. Y cuando se levantó y lo recogió y lo miró a la luz de la luna vio
que era una cabeza humana medio podrida.
¡Otro sacerdote, que había oído su grito de terror, entró en su habitación, y mirado
la cabeza, dijo, "conozco esa cara! Es de un hombre a quien confesé, y que fue
decapitado hace tres meses en Siena."
Tres días después, el sacerdote que había insultado la diosa murió.
La historia anterior no me la dieron como perteneciente al Evangelio de las Brujas,
pero si como uno de una serie muy extensa de tradiciones que relacionan a Virgil
como un ilusionista. Pero tiene su lugar apropiado en este libro, porque contiene la
invocación y el conjuro a Diana, éstos son notablemente hermosos y originales.
Cuando recordamos como estos 'himnos' han sido transmitidos o conservados por
ancianas, e indudablemente muy tergiversados, cambiados, y deformados en la
transmisión, esto no deja parecer maravilloso que tanta belleza clásica todavía
permanezca en ellos, como, por ejemplo, en-
¡Encantadora Diosa del arco!
¡Encantadora Diosa de las flechas!
¡Tu que proteges el cielo estrellado!
Robert Browning era un magnífico poeta, pero si comparamos todos los poemas
italianos de las brujas y de Diana con muchos discursos admirando a Diana -
Artemisa, seguramente será admitido por críticos imparciales que los escritos son
completamente iguales al siguiente por el bardo-
Soy la diosa de los tribunales de ambrosía,
Y de aquí salvadora, la Reina del Orgullo superado
por ninguno cuyos templos blanquean este mundo;
A lo largo del cielo hago rodar mi resplandeciente luna,
Me deshago en el Infierno sobre mi paz de pálida gente,
En la Tierra, yo, protejo a sus criaturas, guardia de
cada loba preñada y del amarillo zorro que se esconde,
Y de cada cría inexperta de madre con pluma,
Y todo el amor de los verdes lugares solitarios que frecuentan.
Aunque bonito, no iguala en la forma o el espíritu a los conjuros, que son hechos
con verdadera devoción. Esto puede ser observado aquí con pena, aunque es
verdad, que en un gran número de los tratamientos poéticos modernos sobre la
mitología clásica, los escritores, a pesar de todo su genio como artistas, han
elaborado un trabajo rococó que así parecerá a otra generación, simplemente han
omitido el punto debido a la ignorancia de algo vital. Aquiles puede ser
admirablemente dibujado, tal como lo he visto, con una peluca de Louis XIV y una
cimitarra turca, pero de todos modos uno no deja de pensar que el diseñador podía
haber sido un poco más familiar con el vestuario y los utensilios Griegos.

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enviado por Nachoelgato21

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