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Último día (Maestro x Alumna +18) fanfic fanfic


hace 28 dias Popularidad 850 Visitas





Miriam, vestida todavía con el uniforme escolar y sin esperar a que la noche ocultara sus acciones, llamó a la puerta principal, ya no importaba nada, esa podría ser su última vez.

Un hombre en sus veintitantos, de formidable altura y espalda ancha, quien había sido su maestro durante el curso de ese año, fue quien atendió el llamado. Le tendió la mano y la invitó a pasar.

—Ponte cómoda donde quieras —dijo el catedrático con su habitual voz grave pero amable.

Miriam no quería perder ni un segundo de ese día. Se alzó en puntillas y besó los labios de su profesor, rodeando sus brazos en el cuello de este con cierta ansiedad.

El mayor pareció sorprendido por un momento, pero enseguida correspondió el beso con el mismo arrojo que su estudiante. Sus bocas estuvieron luchando entre sí por un tiempo.

—Adam, por favor, hazme tuya tantas veces como puedas esta noche —suplicó Miriam con los ojos cristalinos.

El docente le sonrió con dulzura, la tomó de la mano y ambos caminaron a la habitación de este. 

Miriam subió a la cama y se acostó sobre esta ofreciendo una sonrisa entre traviesa y cándida mientras veía a su maestro. El mayor gateó hasta ella, se colocó centímetros sobre Miriam soportando su peso con sus brazos a los lados de ella. Bajó su rostro y la besó con más pasión que antes, removiendo sus labios sobre los femeninos.

Miriam le abrazó la espalda. El docente trasladó sus besos al cuello de ella. Miriam dejó escapar un suspiro cada vez que percibía esa tibia sensación de los labios masculinos sobre su piel.

—Adam, siempre me gusto que tomaras tu tiempo para atender cada parte de mí, pero en esta ocasión quiero unirme a ti lo más pronto posible —la voz de Miriam era lujuriosa pero aun así se podía detectar un rastro de tristeza.

El mayor le besó la frente, y acto seguido la despojó de la chaqueta del colegio, desabotonó su blusa e hizo lo mismo con esta, dejándola solo cubierta con su sostén rosa en la parte superior del cuerpo.

—¿De qué te ríes? —preguntó Miriam un poco apenada al ver una amplia sonrisa en su profesor.

—Es que me acordé de la primera vez que lo hicimos, tenías miedo de que tu cuerpo no me fuera a gustar, cuando ocurrió todo lo contrario, y ahora más que nunca estoy seguro de que me encanta tu figura.

La mordió justo donde el cuello termina y da paso al busto. Miriam soltó un suspiro más fuerte que antes. Los besos de él fueron bajando por su piel, surcaron por en medio de sus pechos, degustaron con detalle su vientre, bajaron un poco más.

—Espera —dijo Miriam con su voz más aguda de lo usual.

—Creí que querías que fuera más rápido.

—Así es, pero quiero que tú también te quites la camisa, es injusto que solo yo esté semidesnuda.

El docente sonrió y desveló su torso frente a Miriam con un movimiento travieso, aunque algo infantil, los dos sonrieron por el hecho. El mayor continuó su faena, desabrochó la falda de Miriam y la deslizó por sus piernas con calma, para admirar su tono poco a poco.

—Qué bonito encaje has decidió usar Miri, siempre creí que el rojo era tu color, pero el rosa te da un encanto especial.

El mayor presionó su índice justo en medio de la ropa intima de Miriam. Ella apretó los labios, no la iba a hacer jadear tan fácil. El catedrático presionó con más fuerza su dedo y trazó círculos con este por sobre la tela. Miriam mordió su labio inferior con fuerza, pero aun así no pudo evitar un corto gemido.

—¿Tanto te gusta jugar conmigo? —expresó Miriam con travesura en su voz.

—Lo lamento, sé que quieres ir más aprisa, pero me encanta ver tu rostro disfrutando mis actos y pidiéndome con tus ojos que te dé más.

—Yo no hago eso —Miriam desvió la mirada. Sus mejillas ya de por sí ruborizadas por la excitación se volvieron todavía más rojas.

—De acuerdo, iré directo desde ahora.

El mayor hundió sus manos en la cama y las llevó a la espalda de ella para abrir el broche del sujetador y quitarle esa prenda, revelando sus senos apenas desarrollados pero firmes, de pigmentación clara y reluciente, y sobre todo, sus pequeños botones rosas ya endurecidos por la estimulación en su cuerpo.

Fue despojada después de sus bragas quedando todo en ella al descubierto. Su maestro se deshizo con impaciencia de sus propios bóxers, dejando ver esa asta carnosa que ya antes le había otorgado tanto placer.

—Maestro Ramos, Adam...—suspiró Miriam cuando él se colocó encima de ella.

Sus pieles se rozaron entre sí, percibió el erguido músculo golpeando sus piernas hasta que el docente lo tomó y guió a su intimidad. Miriam cerró los ojos con fuerza y liberó un tierno gemido.

Su boca se abrió y exclamó sonidos de mayor placer a la par que su maestro ingresaba en su interior, con un movimiento lento pero firme. Más besos en su cuello, caricias a lo largo de su piel por los recios dedos del mayor, el vaivén de sus caderas más veloz a cada minuto.

Su cálida cavidad se humedecía más y más al ser rasgada por el falo de su profesor, provocando explosiones de gozo en su entrepierna que se extendían por todo su cuerpo.

—...Adam... —pronunció con voz entrecortada, su cuerpo tiritó de placer.

Enterró sus dedos en la espalda del catedrático, este elevó su pelvis y la dejó caer con más fuerza penetrándola de un movimiento. Un sonoro gemido escapó de sus labios, al cual le siguieron muchos más.

Sus ojos estaban cristalinos, sus mejillas rojas a más no poder. Ladeó su rostro y mordió el cuello de su amante. Acto seguido se aferró a la espalda masculina mientras su cuerpo temblaba involuntariamente y liberaba todo el deleite experimentado en una explosión líquida que escurría por su entrepierna.

Cayó en la cama con la respiración agitada.

—Todavía no terminaste, ¿verdad? —dijo al ver la gruesa verga de su profesor todavía lista para ofrecer más—. Adam, ¿quieres darme por atrás?

Los ojos del mayor brillaron con deseo y duda.

—¿Segura que quieres hacerlo así? Siempre dijiste que te gustaba verme y que te viera al rostro mientras lo hacíamos.

—Sí, pero, hoy quisiera experimentar otra cosa.

Miriam giró sobre la cama, arqueó su espalda hacia abajo y elevó sus caderas mostrando su parte baja y carnosa. No supo si a su maestro le agradaba esa vista pues no recibió palabras de él. Sin embargo, sintió como su pelvis era sujetada con fuerza. Su entrada húmeda y sensible por lo reciente fue friccionada por el glande del mayor. Miriam gimió con más gozo que antes debido a esa situación donde estaba a completa merced del otro.

Esta vez el docente no la penetró con calma, Miriam percibió como sus paredes vaginales fueron rasgadas con cierta ferocidad de tan solo un movimiento, al cual le siguieron otros igual de frenéticos.

Una serie de gemidos, cada vez más sonoros y prolongados, fueron expresados de sus labios mientras su cuerpo era zarandeado por las arremetidas que recibía con fuerza y cierta brusquedad del hombre que disfrutaba la parte baja de su cuerpo.

Sus brazos y piernas se friccionaron contra la cama, ese enorme músculo entraba y salía de ella con rapidez y dominio que elevó al máximo su gozo y decidió dejarse llevar por este.

Cerró los ojos, su boca no podía articular palabra alguna, solo exclamar gemidos de entero placer. El mayor pareció colocarse en otro ángulo pues sintió la presión de su falo en otros puntos que la hicieron delirar y estremecerse con más locura que antes.

De nuevo llegó al clímax, esta vez con mayor intensidad, y un segundo después, el maestro extrajo su miembro de ella, se masturbó un poco y Miriam recibió aquel semen en toda su piel.

Ambos cayeron en la cama con cansancio.

—Sin duda ha sido una experiencia única, jamás te voy a olvidar Miriam, y no solo por esto —el mayor le sujetó la mano y la besó en la mejilla.

Miriam entrelazó sus dedos en los ajenos, giró su rostro y lloró en silencio.

Al siguiente día se mudó de la ciudad para poder asistir a la universidad, jamás volvió a encontrarlo alguna vez en su vida.


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enviado por Alexxxa

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