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¿Te gusta mi cuerpo? (Incesto entre hermanos) fanfic fanfic


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La chica de cabello rubio apretó sus pechos, pequeños, apenas desarrollados. Con dieciséis años seguía teniendo la apariencia de una niña y eso la frustraba tanto. Se tumbó de lado sobre su cama, sin llorar, pero sintiéndose enojada y triste al mismo tiempo.

—Nora, voy a pasar —dijo su hermano mayor después de llamar un par de veces a la puerta.

—Vete Fernando —respondió ella y se giró para que no notara sus ojos cristalinos.

—¿Qué tienes Nora? Mamá está preocupada, me ha enviado para saber qué te pasa, creo que aún cree que somos los niños que nos contábamos todo —su hermano habló con un tono nostálgico y divertido esperando animar a Nora, no funcionó.

Nora se mantuvo inmóvil con la mirada lejos de su hermano. Sintió cómo él se sentaba a la orilla de su cama y le sacudía el hombro.

—Por favor Nora, háblame, por lo menos mírame, también estoy preocupado por ti, si algo te preocupa dímelo y tal vez podríamos hallar una solución juntos.

—No lo entenderías —susurró ella.

—No lo sabremos hasta que me lo digas.

—Es una tontería.

—No creo que sea una tontería si te ha puesto así, vamos Nora, confía en mí como lo hacías antes.

Nora se giró y con timidez posó su mirada en la de su hermano.

—Odio mi cuerpo, es el de una niña, así nadie jamás se fijara en mí.

Fernando la vio con ternura y le pellizcó del mismo modo una mejilla.

—Ay boba, claro que te querrán así, no es necesario que tengas busto grande o piernas largas o lo que sea para que seas bonita.

—Pero yo no quiero ser bonita, quiero ser sensual —exclamó Nora con sus mejillas enrojecidas—. Yo, al inicio de la semana me confesé al chico que me gustaba, y me dijo que nunca andaría con una tabla como yo.

Un brillo triste apareció en los ojos de Nora, pero cambió a miedo al notar la furia que mostraban los de su hermano.

—¿Quién fue ese idiota? Dímelo y lo golpearé hasta cansarme.

—No, Fernando no quiero que hagas eso, además, sé que no es el único que piensa así. Todos los chicos prefieren tener novias curvilíneas.

—Eso no es cierto.

—Claro que sí, ¿dime quién se sentiría atraído por mí?

Fernando colocó su rostro a centímetros arriba del de Nora.

—A mí Nora, para mí tú cuerpo es el mejor.

—Solo lo dices porque eres mi hermano —Nora desvió la mirada pues sintió un cosquilleo al tener la cara de su hermano tan cerca de la suya.

—Eso no es cierto, estoy siendo sincero, y aunque está mal que lo diga, me gustaría tenerte de novia, pues de verdad pienso que eres la chica más linda y sensual de todo el mundo.

Con las mejillas ardiendo en rojo y con la respiración agitada, Nora volvió a posar su mirada en los ojos de su hermano.

—Si eso es cierto —tragó saliva—. Dame un beso.

Nora aguantó la respiración al ver cómo su hermano cerraba los ojos, bajaba su rostro, y finalmente le rozaba los labios con los suyos. Un beso sencillo y corto pero que revolvió todo dentro de sí.

—¿Ahora me crees? ¿O necesitas más pruebas?

Con su faz ahora roja por completo, Nora dijo con nerviosismo.

—Más, más pruebas, si es cierto que te gusta mi cuerpo, demuéstralo.

Nora notó cómo su hermano abría los ojos con sorpresa y con cierta lujuria.

—¿Estás segura?

—Si lo preguntas es porque en realidad no te atrae mi cuerpo.

Apenas un segundo después de decir aquello y su hermano le levantó la blusa en un segundo, pero al siguiente se quedó quieto.

—¿Fernando?, ¿qué?, ¿qué sucede?

—Es que —la voz de su hermano se oía jadeante—. No me dijiste que no tenías brasier.

—Es porque no lo necesito —respondió Nora con mucha pena al entender que su hermano veía sus pequeños pechos totalmente al descubierto—. Sabía que no te gustaban así.

Soltó un fuerte jadeó, pues uno de sus pezones estaba siendo pellizcado con fuerza.

—¡Ah! ¡Fer! —exclamó con placer mientras lo veía directo a los ojos.

—Es para que no ya no dudes de mis palabras, a mí me encanta tu cuerpo, y ahora que lo he visto así no creo que pueda parar.

El joven bajó su rostro y con su boca atrapó un pecho de Nora, el cual besó, mordió y chupeteó con fervor.

—¡Oh Fer! ¡Fer!

Mientras su hermano degustaba uno de sus pequeños senos, Nora llevó una mano a la entrepierna de él, notando un gran bulto atrapado bajo los pantalones.

—Lo ves, estoy así por ti y solo por ti Nora, ninguna otra chica me hacer sentirme de este modo, aunque seas mi hermana, quisiera —su voz se cortó al final.

—Fer, está bien, yo también lo quiero, me has hecho muy feliz en tan poco tiempo, quiero, quiero entregarte mi primera vez, y muchas más.

Con tales palabras su hermano no titubeó más, con cariño y cuidado la despojó de toda ropa para luego hacer lo mismo con la propia. Nora notó el cuerpo recio de él, y sobre todo, aquel músculo grueso que apuntaba hacia ella.

Sintió miedo y muchas dudas, pero los besos en sus labios, mejillas y cuello que le dio su hermano disiparon todo eso.

Gimió de forma entrecortada al percibir el glande del mayor rasgando sus pliegues. Gimió muchas veces más, algunas ocasiones con dolor, otras con gran placer. Hasta que finalmente que el gozo eclipsó por completo la angustia.

Su hermano empezó un vaivén que estimuló todo su interior y liberó sensaciones que no creía posibles. 

—¡Fer! —jadeó con un tono que jamás había pronunciado—. Eres muy grande, siento que mi cuerpo ya no me responde, solo responde a lo que tú haces Fer.

—Nora, no digas esas cosas, quiero contenerme para que lo puedas disfrutar el mayor tiempo posible, pero me es difícil pues tu interior se siente demasiado bien, y si me dices cosas así no menos podré conseguirlo.

—Perdón, pero yo —su boca liberó una serie de agudos jadeos—, yo estoy tan feliz en estos momentos, más que eso, no puedo ni describirlo Fer, pero sé que todo es por ti. ¡Te quiero mucho! ¡Te amo! ¡Amo tenerte dentro de mí!

Su hermano se encorvó para poder atrapar entre sus labios los de ella, al mismo tiempo que el vaivén de sus caderas que provocaba esa fricción deliciosa entre sus entrepiernas aumentó de velocidad.

Nora gimió repetidas veces sobre los labios de su hermano, con su cuerpo moviéndose por voluntad propia para alcanzar mayor deleite con cada sacudida.

De pronto se tensó por completo mientras su boca producía un sonido parecido a un lloriqueo. El momento pasó y dejo caer sus extremidades a los lados. Notó que su hermano hacía lo mismo y sonrió con dulzura.

Ambos se vistieron con cierta pena, aunque se veían de reojo a cada tanto.

—Oye Nora —dijo su hermano ya vestido sentado a la orilla de la cama—. Con esto, entonces, ¿podré decirle a mamá que ya no estarás triste?

Un intenso rubor cubrió por completo el rostro de Nora, pero ella mantuvo la vista fija en su hermano y le dio una sonrisa coqueta.

—Eso depende Fer, ¿volveremos a hacerlo?

Su hermano se inclinó y la besó en los labios.

—No lo dudes nunca.

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enviado por Alexxxa

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