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El hombre que observaba la tierra. fanfic fanfic


hace 1 meses Popularidad 250 Visitas


HOLA, AMIGOS. ESTE ES UN "BORRADOR" DE LOS    PRIMEROS CAPÍTULOS DE UNA HISTORIA CORTA QUE  ESTOY ESCRIBIENDO.                           

BÁSICAMENTE TRATA SOBRE UN HOMBRE LLAMADO ALEX CRAFT QUE ES SECUESTRADO POR UNA RAZA EXTRATERRESTRE Y OBLIGADO A REALIZAR UN DURO TRABAJO EN UN PLANETA DESCONOCIDO. EL DESARROLLO DE LA HISTORIA TRATARÁ SOBRE ALEX TRATANDO DE ESCAPAR DE DICHO LUGAR, DE LA LUCHA EN LA QUE SE VE ENVUELTO Y DE UN MONTÓN *DE VERDADES DE VERDADES SOBRE LA TIERRA, LOS EXTRATERRESTRE Y ÉL QUE SE REVELERÁN EN EL PROCESO.

REPITO, ESTO ES SOLO UN BORRADOR; PERDONEN CUALQUIER ERROR. ¡ESPERO LES GUSTE!

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Las muñecas de las manos y los tobillos le ardían mucho, justo ahí donde los grilletes se aferraban a él. El sudor que brotaba se su frente fluía por su rostro y en muchas ocasiones en que este era muy abundante se le metía en los ojos y le nublaba la vista al tiempo que le hacía escocer las pupilas.


Aflojó un momento la herramienta con la que trabajaba e intentó enderezarse para tomar algo de aire. De inmediato sintió una descarga eléctrica en su espalda; tan fuerte como para sacudirlo, tan leve como para no matarlo. Estando en el suelo, aturdido, sintió otra descarga y una voz grotesca y amenazante que le ordenaba que se pusiera en pie y continuara con su trabajo.


Giró la mirada con muy pocas fuerzas hacia el autor de su dolor y lo vio ahí, como siempre, flotando en su desplazador, con su piel como de reptil y una mirada profunda que le trasmitía odio en su máxima expresión.


Se puso de pie como pudo y con la cabeza hacia abajo en señal de humillación tomó su herramienta con la intención de retomar su trabajo. Sintió en ese momento el peso de las miradas escrupulosa de los demás prisioneros sobre él. No les prestó mucha atención y volvió a la labor que le obligaban a realizar durante más de 7 años.


Hacía siete años atrás su vida era tan diferente, con un trabajo estable, una familia feliz, un hogar al que retornar cada día. Era una vida donde no era esclavo. Era una vida que poco a poco empezaba a olvidar.


Alex Cratf se había graduado como ingeniero civil a los 23 años y de inmediato consiguió un excelente puesto de trabajo en la misma compañía constructora de puentes en la que había hecho sus pasantías. Un año más tarde se casó y un par de meses después, su esposa quedó embarazada del que posteriormente se convirtió en su primer hijo: Estaban. El cabello del niño era castaño como el de su padre pero los ojos eran tan verdes como los de su madre. La vida de Alex, entonces, consistía en levantarse temprano todas las mañanas, ir al trabajo, regresar por las tardes y cenar junto a su familia. Estaba feliz con aquello, no podía exigir más.

Un día, le fue informado que tenía que viajar a una zona remota de su ciudad para evaluar un terreno y establecer si era un lugar adecuado para construir un puente que garantizaría una mejor ruta comercial mejorando así la economía de su ciudad.


Alex le notificó a su esposa que estaría tres días fuera de casa por motivos de trabajo. Ella era muy comprensiva y entendió la situación; le ayudó a preparar la maleta y cuando llegó el día, Alex partió junto a su equipo despidiendo a su esposa con un beso en la boca y a su hijo con un beso en la frente.


Cuando llegaron al lugar se encontraron con un terreno árido y desértico, cosa muy distinta a la que se le había informado. Según sus superiores el lugar al que iría a investigar era una zona boscosa y pantanosa pero aquello era todo lo contrario. Alex pensó que quizás debía haber un error en el informe y sin más empezó a realizar las evaluaciones necesarias.


El primer día consistió en hacer recorridos por el lugar y dibujar croquis marcando los lugares más seguros para establecer los cimientos. Sin embargo esta tarea ameritaba más de un día y al atardecer acordaron descansar y continuar el siguiente día.


El segundo día no fue más que una continuación del primero: recorrer, dibujar, llenar formularios, hacer mediciones… Era un equipo de nueve personas y se habían divido en tres equipos de tres para acelerar el trabajo.


Eran aproximadamente las dos y media de la tarde cuando Alex se encontraba caminando por una zona de grades rocas con extrañas formas que se elevaban hasta más de tres metros. Aquello captó profundamente su atención. Decidió investigar más a fondo aunque con un miedo que empezaba a florecer en su interior. Llegaron hasta el lugar de una cueva y decidieron entrar. Mientras caminaban más hacia el fondo sus compañeros parloteaban acerca de imaginarias teorías con respecto a aquella cueva.


Alex empezó a percibir un extraño olor.


-¿Huelen eso? –les preguntó al tiempo que alumbraba a los alrededores de las paredes de la cueva. Entre más se adentraban más putrefacto era el hedor. La intriga y el miedo se mezclaron y Alex siguió caminando inconscientemente hasta lo más profundo de la cueva.

Finalmente, cuando el hedor era ya insoportable divisaron en el suelo un par de grandes bultos negros. A primera instancia, Alex pensó que eran cadáveres. Se intentó acercar para detallarlos mejor y entonces todo a su alrededor se silenció. Se giró de inmediato hacia atrás y sus dos compañeros ya no estaban. El corazón le dio un vuelco y cuando intentó gritar, un enorme nudo en su garganta se lo impidió. En ese momento sintió como el lugar se empezaba a estremecer y las rocas pequeñas empezaban a rodar por todas partes. A continuación intentó correr hacia la salida pero una gran luz blanca que provenía del exterior lo cegó y lo dejó inconsciente. Al despertar nuevamente estaba en la esquina de una habitación metálica encadenado de pies y manos. Era un prisionero.


Su vida había cambiado por completo. Ya no tenía un trabajo como ingeniero, ahora su trabajo consistía en cavar profundas cuevas en busca de unos extraños cristales que ni él sabía para qué eran utilizados por aquellas malvadas criatura que cuando él intentó exigirles una explicación no hicieron más que golpearlo con choques eléctricos una y otra vez hasta que lo doblegaron y lo hicieron aceptar con humildad aquella tormentosa labor.


Ya no tenía un hogar al qué regresar por las tardes. En cambio su celda fría y oscura era su único lugar de descanso. Ya no tenía una esposa y un hijo. En su lugar tenía aquellas inquebrantables cadenas en su pies y en sus manos que le causaban un constante fastidio y desgarraban lentamente su piel a causa del movimiento y el rose.


Durante su tiempo ahí, Alex no sabía cuándo era de día ni cuando de noche. Para él siempre era de noche, siempre estaba todo oscuro; pero decidió pensar que era de día cuando los llevaban a las cuevas a trabar y que era de noche cuando los llevaban a las habitaciones a descansar. Así Alex decidió contar sus día pero cuando llegó a los 2555 días, perdió la cuenta. En un bolsillo oculto de su camisa llevaba una foto, que por alguna razón no se la habían quitado, de su esposa a su lado sosteniendo a Esteban cuando este apenas era un bebé. Ver aquella foto era lo único que lo mantenía con vida.


Una noche ocurrió un disturbio en la sección de los dormitorios y sin darles razón los sacaron a las patadas a todos de sus habitaciones y posteriormente les asignaron habitaciones diferentes. Un guardia guió a Alex hasta su nueva habitación la cual se encontraba varios pisos arriba de donde normalmente estaba el resto de las habitaciones.

Era la última de un pasillo oscuro y silencioso. En la parte superior de la puerta había una inscripción que Alex no entendió. El guardia presionó un botó en el control remoto de su muñeca y la puerta se abrió, le dio un empujón y lo tiró al fondo de la misma.


Aquella habitación era diferente a la anterior. Era más limpia, tenía una cama y un baño. Aquello le resultaba sospechoso pero el solo hecho de ver una cama le dio un alivio tan grande que se tiró en ella y de inmediato se desvaneció su conciencia en un plácido sueño.


A la mañana siguiente sonó la alarma y se abrió la puerta de un solo golpe. No había nadie detrás de ella pero Alex sabía que tenía que salir a trabajar de buena gana porque si no vendrían por él y lo golpearían hasta hacerle vomitar sangre.

Poco a poco el bullicio del resto de los prisioneros que salían de sus celdas se empezó a colar hasta su lugar y decidió levantarse de inmediato. No se sentía en su condición más óptima pero evidentemente había descansado mucho.

Vio la foto de su familia, la beso y luego la ocultó nuevamente. Era su tesoro más preciado, no se podía dar el lujo de que se lo arrebataran.


Salió y se unió al resto de los prisioneros. Los guardias como de costumbre formaban grandes grupos y los trasloaban hacia un lugar diferente cada día, pero el trabajo era el mismo.


El día trascurrió tan normal como cualquier otro. Un par de prisioneros golpeados por los soldados. Sus dedos engarrotados alrededor de su herramienta. Mucho sudor y ardor alrededor de sus manos y pies. Sin embargo se sentí más aliviado aquel día. <<Quizás por la cama>>, pensó.

Llegó la noche y los trasladaron nuevamente a sus habitaciones. Un soldado diferente al de la noche anterior lo guió nuevamente hasta su habitación. Este fue un poco más amable.


Estando solo en aquella celda, Alex, al no sentirse tan cansado, tuvo la energía mental necesaria para pensar y reflexionar sobre su situación. Sacó la foto de su familia, la contempló por largo rato a la tenue luz que emanaba unos pequeños led de su cama y después de un rato no pudo evitar llorar de nostalgia. Extrañaba más que a nada su familia. Se apretó la foto contra el pecho y se acurrucó.


Intentaba dormir pero el sueño huía de él. Daba vueltas y vueltas en la cama pero no lograba conciliar el sueño de ninguna manera. Se quedó largo rato de lado con los ojos abiertos y logró divisar una pequeña ranura de luz que se filtraba por una esquina de la habitación. Aquello lo intrigó y se levantó de la cama para investigar más.


Empezó a palpar el lugar de donde provenía la luz y finalmente tocó algo que parecía ser una manilla. Tiró de ella y una pequeña ventana se abrió.


Alex estaba increíblemente sorprendido. En todo el tiempo que había estado ahí jamás había visto ningún tipo de ventana que diera hacia un lugar exterior. Cuando la ventana se abrió, toda la habitación se inundó de una luz azul claro. Alex se asomó y notó como un cristal trasparente se interponía entre él y el exterior. Pero cuando miró mejor el exterior su corazón le dio un vuelco y no sabía si estar asustado o sorprendido por lo que veía.


Afuera estaba un inmenso mar negro con luces de varios tamaños y colores. Era el espacio y en medio todo había una gran esfera entre azul y blanca que lucía hermosa y reinante en medio de todo. Era la tierra.

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enviado por Aniza21

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