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El deseo de un demonio.(+18) fanfic fanfic


hace 10 meses Popularidad 2189 Visitas


Andrés se adentró en la oscuridad que se interponía en su camino. Dentro, las estrellas parecían brillar con mayor intensidad y la fina sonrisa de la luna nueva se divisaba difumidanada por delgadas nubes. Era joven y sus pasos eran enérgicos; caminaba con ansiedad, deseoso de llagar pronto a su casa y acurrucarse en su cama: el día había sido largo y estaba cansado.

En el silencio que se hacía por las noches en ese lugar, sus pisadas se oían en tono neutro y profundo sobre el polvo que ensuciaba sus zapatos, la hierba incipiente le humedecía la orilla del pantalón y los cantos de insectos nocturnos adornaban la noche, pintando un cuadro singular que Andrés amaba. Las zonas rurales eran pacíficas  y silenciosas, desprovista del desenfreno ruidoso del urbanismo que a él le provocaban jaquecas.

Mientras caminaba, sentía como el sudor le humedecía con calidez la frente y la nariz. Sacó del bolsillo de su camisa un pañuelo para cercarse, y de pronto, tuvo la sensación de tener alguien parado a su lado. Giró su vista de forma instintiva pero solo vio maleza y algunas luces que tenuemente se filtraban desde la lejanía a través de las arboles.

<> pensó y a continuación siguió caminando.

Llegó a su casa y todo estaba en silencio. Entró en su habitación y su pequeño hijo de tres meses dormía en las brazos de su esposa que también estaba cautiva de un profundo y plácido sueño. Aquella escena le arrebató una sonrisa; su bebé había estado padeciendo de intensas fiebres últimamente y a Andrés le alegraba ver que su hijo por fin podía descansar de los incesantes males que golpeaban su tierno cuerpo.

Con mucha cautela, Andrés se desvistió y se colocó ropas de dormir para unirse a su joven familia en el sueño. Se metió bajo las sábanas y sus esposa hizo un sonido inarticulado que Andrés no supo interpretar si era de fastidio o de satisfacción. La rodeó tiernamente con sus brazos y le dio un beso en la nuca. Se apretó contra su espalda y se refugió en la calidez y suavidad de su lecho, encontrando el sueño tan deprisa como un pestañeo.

Al siguiente día, su mujer ya se había levantado, los rayos del sol se filtraban suavemente por la ventana y el ruido de las aves le llegaba levemente. La cama estaba aún caliente y desordenada, Andrés suspiró y sintió paz. Amaba esos amaneceres: la cama caliente, su esposa en la cocina, su hijo jugando en la sala, el sol, las aves... todo, aquella era la realidad con la cual había soñado para su matrimonio.

Hacía tan solo seis meses, vivía días infernales en la casa de sus padres, en la ciudad y le había hecho prometer a su futura esposa que ellos no formarían su familia en un lugar tan caótico como ese. Buscaron un buen lugar a las afueras del urbanismo y se encontraron con aquello que Andrés solía llamarlo "su paraíso terrenal."

Se quitó las sábanas de encima y se desperezó un poco. Y mientras caminaba hasta la cocina el olor a jamón asado, huevos fritos y arepa lo sedujo. También amaba eso. Entró en silencio a la cocina y su esposa no lo vio. La contempló por unos momentos admirando su belleza. Su castaño cabello medio recogido le hacía perfecto juego con el sostén que se veía difuminado a través de la franela de seda que era blanca, semitransparente. Su ropa interior se ajustaba perfectamente a sus glúteos bronceados y no llevaba nada más. Cualquier hombre, cualquiera de sus amigos hubiera deseado levantarse por la mañana y encontrarse con una mujer así en la cocina, pero él lo disfrutaba cada fin de semana. Se le acercó en silenció y Rebeca lo divisó con el rabillo del ojo. Sonrió traviesa y él la abrazó. La olió y la besó. Y ambos rieron juntos.

-Buen día, reina de mi corazón. -Susurró Andrés al oído de la mujer.

-Buen día, amado de mi alma. -Dijo ella con una inocente sonrisa en los labios, y en su mano una cuchara.

Guardaron silencio por un momento y permanecieron abrazados, y de pronto algo chirrió en la sartén. Era el huevo que amenazaba con quemarse.

Entre risas, la mujer se deshizo de los brazos de su esposo y de inmediato calmó la cosa. Ambos rieron y Andrés caminó hasta el baño. Se lavó la cara y los dientes. Se peinó, y se quitó el short y la franela. Se miró en el espejo y sus ojos, en un acto casi inconsciente, buscaron la extraña cicatriz que tenía en el pecho izquierdo. Era como un rasguño, como si una mano flaca y filosa le hubiese acariciado con brusquedad el lugar, como si hubiesen querido traspasar la piel y llegar al corazón.

Mientras la tocaba suavemente, recordó el día en que le apareció. Se había despertado sobresaltado de una pesadilla en la que sentía que caía y caía en un abismo sin fondo, su pecho le ardía con intensidad y allí estaba el rasguño, todavía tierno y ardiente. Estaba recién hecho. Al principió, Andrés pensó que había sido Rebeca durante la pasión que ardió a la media noche, pero pronto se dio cuanta que no había sido ella. Se lo negó y él le creyó. Estaba seguro de que no había sido ella, pero ¿cómo habría llegado esa cicatriz hasta su pecho? Era un misterio al que Andrés se había decidido no darle gran importancia; pero cada vez que la miraba, sentía cierta inquietud que no le gustaba.

Después de desayunar, se alistaron para ir a visitar a Vicky, una sabia señora de la que Andrés era muy amigo desde hacía más de diez años. Llegaron a la casa de la mujer y esta estaba sentada en el patio. En silencio, <>, pesó Andrés.

- ¡Buenas! -dijo Andrés con alegría -¿Cómo estás, Vicky? -En el rostro de la mujer se dibujó una radiante sonrisa y de igual manera lo saludó. Su hija, Johana, que también era amiga de Andrés, al escuchar las voces, salió de la casa y se unió a ellos.

- Valla, así que por fin el recién casado decide visitarnos -dijo Johana dirigiendo hacia Andrés un mirada alegre y tímida a la vez.

- Hubiera podido venir antes, pero entre el trabajo y las enfermedades del niño, no había podido -Se disculpó.

Vicky clavó su mirada en Rebeca y le sonrió.

-Tu mujer es bella, Andrés. Cuidela mucho y amela. -Rebeca sonrió.

- Un hombre bello, necesita una mujer bella -Bromeó Andrés. Y todos, hasta el bebe que Rebeca tenía en los brazos, rieron.

Pasado el rato, entre charlas, risas, chistes y cafés, el recuerdo de la cicatriz emergió con brusquedad en la mente de Andrés. Aquello le resultó muy extraño ya que había decidido no pensar en eso. Seguido de ese recuerdo, la sensación de tener alguien a su lado le estremeció nuevamente, con más brusquedad que la noche anterior. Andrés guardó silencio y la parlatonería de Vicky y Rebecca se fueron alejando. Se sintió nuevamente como en la pesadilla. En esa que caía. Se agarro fuertemente de la silla, pero sin llamar la atención. Respiró profundo y la mente se le nubló. Y de pronto una figura deforme, alta, flaca y desencarnada, emergió de la pared. Sus ojos eran hoyos amarillentos que reflejaban tristeza. Sus dientes sobresalían de su boca y sus largos brazos casi rosaban el suelo. A Andrés, el corazón le dio un vuelco y sintió que en cualquier momento se le saldría por la boca. La criatura se le acercó, extendió su huesuda mano sobre él, y Andrés huyó con brusquedad. Cerró las ojos y gritó. No oyó ni sintió nada más. Cuando abrió las ojos nuevamente, estaba en el vacío. El mismo vacío de su pesadilla, el vacío sin fondo en el que por alguna extra razón ya no caía, simplemente se mantenía flotando. Divisó a lo lejos una pequeña luz blanca que en fracciones de segundo lo arropó y volvió a aparecer en el patio de Vicky. Vio imágenes, más no escuchó sonidos. Vio la desesperación en el rostro de su esposa. Vio como Johana con con los ojos llenos le lágrimas y torpeza, trataba de llamar por teléfono. Vio como Vicky trataba de consolar al niño que lloraba insaciablemente, y vio su propio cuerpo inerte como una estatua el suelo. Su ojos estaban abiertos como plato y clavados en el vacío, como si mirara algo que los demás no, algo muy aterrador.

Andrés trató de volver a su cuerpo pero su conciencia era muy liviana, no la podía controlar, un fuerte viento sopló y sintió como la brisa lo arrastraba. Nuevamente, todo se volvió oscuro.

Los párpados le pesaban y la cabeza le dolía. Cuando despertó, ya no estaba en su paraíso. Se sentó sobre la dura superficie en la cual despertó y el crujir del fuego emergió en sus oídos. Miró a su alrededor y todo parecía ser de piedra. Al frente, una tela desgarrada hacía la función de puerta.

El hombre, confundido, se puso de pié. Intentó correr pero estaba mareado. Se acercó a las paredes y se apoyó. Caminó hasta la puerta y cuando salió su mirada fue apuñalada por la visión que se le presentó.

Allí estaba, sentada junto al fuego la extraña criatura desencarnada. Los huesos de toda su espalda se abultaban de forma grotesca como queriendo salir de la carne. La respiración de la criatura era como un rugido, o como un lamento y Andrés se sintió en el infierno.

La criatura volvió su mirada e hizo una mueca para emular una sonrisa. Andrés sintió nauseas y casi se cae.

-Toma asiento -dijo la criatura con voz osca al tiempo que señala una roca junto al fuego.

Andrés, confuso, no tuvo más opción que obedecer. Se sentó y escudriñó a la criatura con su mirada. Se dio cuanta de que no estaba desencarnada: su piel entera era como una cicatriz gigante. Como una que deja el fuego en la suave piel de una mujer. Andrés quiso preguntar qué le había pasado, pero sintió algo de pena.

- ¿Donde estamos? -Preguntó en su lugar.

- En una cueva, en el bosque, cerca de tu casa -Respondió la criatura sin apartar los amarillentos ojos de él. A Andrés, aquellos ojos le parecían llenos de pus.

El hombre intentó levantarse pero una fuerza le sentó nuevamente con brusquedad. No supo si había sido por el mareo o había sido la criatura. Quiso gritar pero su boca permaneció cerrada.

- Seguramente estas confundido -la voz de la criatura, aunque osca, era amable.- Si abres tus oídos y tu corazón estoy dispuesto a darte todas las explicaciones que quieras...

- ¿Y mi familia? -Le interrumpió Andrés.

-Están bien...

Andrés recordó su cuerpo inerte en el suelo. Comprendió un poco lo que pasaba y preguntó:

- ¿Y mi cuerpo?

- Esta en el hospital. Bien cuidado por los médicos... y por tu familia. -La criatura hizo un gesto de desagrado.

- ¿Qué es lo que me has hecho? -Andrés se dio cuenta que el mareo se le estaba pasando.

- Desde hace tiempo que te he estado observando -dijo la criatura como ignorando la pregunta-; he intentado acercarme en diversas ocasiones a ti, pero no he tenido el valor suficiente. Hasta que ayer me decidí -Aquella situación se había tornado de extraña a terrorífica. Andrés no se podía imaginar a aquella criatura acechándolo. ¿Por qué? ¿Para qué? eran preguntas que Andrés se hacía pero permaneció en silencio mientras escuchaba con asombro a la cosa que no lograba distinguir si era hombre o mujer.

He sido testigo de tu felicidad -prosiguió- de cómo has prosperado y cómo has construido un hogar en tan poco tiempo. Desde que eres niño te he admirado, siempre fuiste diferente a tu padre y tu abuelo, siempre tan callado, siempre tan inteligente... siempre tan hermoso -dijo después de una pausa apartando su mirada hacia el suelo.

- ¿Quién eres? -La pregunta se le escapó de la boca como el vuelo de una paloma.

- Es difícil de explicarte quién soy. Conformate con saber que he estado en tu familia paterna por cuatro generaciones. La madre tu abuelo hizo un pacto conmigo para que yo fuera el guardián de su descendencia... y eso he estado haciendo por más de ochenta años, observando en silencio las desgracias y las alegrías de tu familia, despierto ante cualquier acechanzas que quiera hacerles daño y tratando de trasmitir seguridad a los tuyos desde las sombras... pero incluso, los demonios nos cansamos. -Andrés no podía creer lo que oía. Sentía un nudo en la garganta y la respiración era escasa-. Te vi nacer, te vi crecer y con el tiempo empezaste a llamar mi atención. Pensé en romper el pacto que tenía con tus progenitores pero hubo algo en tí que me detuvo.

- ¿Qué quieres de mi? -Preguntó Andrés con desespero. -Puedes irte si quieres, no necesito tu protección, ni tus ciudades... puedo proteger solo a mi familia -Andrés no sabía si lloraba o gritaba, o si hacía las dos cosas. Era imposible descifrar todo el conjunto de emociones confundas en las cuales naufragaba.

- No quiero nada especial -dijo el demonio en tono gélido-. Sabía que me pedirías que me fuera en cuanto me manifestara a tí. Por eso no lo había hecho, no podía imaginar qué sería de mi eternidad sin poder verte nunca más. Pero entonces pensé en verte una vez más, una ultima vez antes de irme para siempre. Quise verte como tu esposa te ve.

Aquellas palabras traspasaron a Andrés como un cuchillo frío que se abre paso por las entrañas.

- Te he visto, Andrés. Pero sin poder tocarte, sin poder olerte, sin poder sentirte dentro de mí, sin poder gemir como lo hace tu mujer... -el demonio bajó la cabeza. Andrés no pudo evitar sentir compasión. Sus palabras transmitían tanta soledad, que Andrés sintió su pecho vacío-. Lo único que te pido es un momento, una semilla, una caricia... solo pido tu piel rosando contra la mía y me iré para siempre, lo juro.

Andrés se quedó mudo ante la propuesta. No sabía como responder ante semejante situación. Por un lado sabía que eso implicaba serle infiel a Rebeca y por otro lado se sentía confundido porque nunca imaginó la posibilidad de tener sexo con un demonio.

- Puedo tomar la forma que quieras -dijo la criatura después de advertir la confución en el mudo semblante del hombre. A continuación, el fuego se apagó y de las sombras emergió la figura de su mujer totalmente desnuda y resplandeciente. Andrés profirió un grito ahogado y la mujer se intimidó. El fuego volvió y el demonio también.- No fue mi intención asustarte, Andrés. Pensé que si tomaba la figura de tu...

-No -replicó Andrés-. No tienes porque tomar la figura de mi mujer -La criatura escudriñó el rostro de Andrés y sonrió con cierta malicia.

-Entiendo -dijo el demonio al tiempo que adoptaba la figura de Johana. Andrés sintió latir con fuerza el corazón que no tenía. Aquello le resulto confuso pero el demonio fue capaz de leer su mirada.

Antes de casarse, Andrés fantaseaba con su mejor amiga, Johana, pero nunca se atrevió a insinuarle algo. Y cómo, si ella solo lo podía ver como un hermano.

De pronto todo al rededor se desvaneció, las duras rocas fueron sustituidas por una sueva playa, la oscuridad fue reemplazada por el atardecer y el silencio por el entrechocar de las olas con las rocas.

Johana, yacía totalmente desnuda frente a él. La imagen del horroroso demonio se esfumo de la mente de Andrés y sus ojos se llenaron de lascivia al ver el esbelto cuerpo de la que había sido el producto de sus más vergonzosas fantasías. Sus pechos no eran tan grandes pero si firmes, las curvas de sus piernas totalmente definidas jugaban con los últimos rayos del sol. Andrés permaneció sentado, contemplando el monumento, sin pensar cosa alguna. Ella se acercó a él. Andrés clavó su vista en su entre pierna, sintió como una sueva mano le tomó el mentón y a continuación unos suaves y carnosos labios lo besaron.

Andrés se dejó caer sobre la arena y sintió los duros pechos de la mujer sobre los suyos. Sintió un escozor en su entre pierna a medida que la mujer se refugiaba más en él. Se quitó la camisa y la mujer besó su boca, bajó hasta su cuello y siguió hasta el pecho. Desabrochó el pantalón y sin esfuerzo alguno se deshizo de él.

El hombre deslizó sus manos desde el rostro de la mujer hasta sus pechos, los palpó y ella gimió. Siguió bajando sus manos hasta llegar a sus piernas y rodear sus esbeltos glúteos. Era una piel sueva y dulce, fue el único pensamiento que pudo maquinar en aquella situación.

Los suaves labios de la mujer siguieron surcando su piel, bajando desde el pecho, hasta el abdomen y posteriormente, hasta su entre pierna. Andrés sintió la miel que se desprendía de la boca de la mujer y como los carnosos labios le masajeaban el miembro. Gimió y sintió como la lujuria crecía y el escozor aumentaba. La mujer volvió su mirada hacia él y él le apartó el cabello de la cara. Johana se levantó y quiso besarlo. Al momento, Andrés la empujó hacia un lado y quejo justo encima de ella. Se sintió como un dios. uno que desde la altura gobernaba soberano y contemplaba las bellezas del universo. La besó con intensidad y sin darse cuanta, se introdujo en ella. La mente se le nubló por completo, y el canto de las olas armonizó con sus gemidos y el sonido que se producía cada vez que Andrés se introducía en ella con más fuerza.

El éxtasis llegó a su clímax y Andrés reposó sobre los pechos de la mujer. Pero al cabo de pocos segundos, su conciencia lo traicionó. Recordó que no era Johana, que no era una mujer, era un demonio que sin saber cómo, se había enamorado de él.

Los párpados le pesaban y Andrés tuvo que hacer un sobreesfuerzo por abrir los ojos. La visión le llegaba difuminada y los recuerdos mucha nitidez. El corazón le empezó a latir con fuerza al recordar su grotesca pesadilla. Sintió el calor de la sangre que corría por sus venas y supo que estaba de vuelta. Miró a su alrededor y las paredes de roca no estaban. En su lugar, están las paredes de madera que resguardaban su habitación.

A sus oídos llegó un crujido, como el del fuego, pero supo que no era la fogata que el demonio había hecho para darse calor en el frío de su soledad; en cambio este crujir vino acompañado de delicioso aroma que no podría ser otra cosa que su mujer en la cocina.

Estaba mareado y le dolía la cabeza, pero a pesar de eso puedo mantenerse de pie. Caminó somnoliento hasta la cocina y los ojos de Rebeca se ahogaron en lágrimas cuando lo vio. Lo abrazó y lloró refugiada en su pecho. Recordó la miel de la noche anterior y se dio cuenta que esta era mas dulce. La consoló diciéndole que todo iba a estar bien.

Los doctores le habían dicho a Rebeca que Andrés había caído en coma. Rebeca no sabría decir por qué y los doctores insistían en que según los signos que el cuerpo mostraba, fue producto de una emoción muy fuerte, como el miedo, por ejemplo, que lo dejó dormido. Los doctores aseguraron que no era nada grave y que pronto despertaría. Ella quiso llevárselo a la casa para darle calor por las noche y curar el mal que lo tenía prisionero.

Andrés se sintió feliz de su mujer. Se sintió feliz de su hijo que balbuceaba en el piso de la sala jugando. Se sintió feliz de su casa y de la comida que se cocía en la cocina... pero se sintió indigno de tanta felicidad al recordar como se entregó al demonio en forma de Johana, aquella noche.

Pasó una semana y lo que antes había ocurrido se esfumó como una brisa de verano.

Todo era tan normal como antes. Tan pacífico, tan paradisiaco.

Una madrugada, en la cama, Andrés urgó su mente en busca de los recuerdo de la playa. Y se preguntó si el demonio habría cumplido su promesa de irse. Andrés supo que no lo podía asegurar, pero de una cosa si estaba seguro y era que de sus recuerdo jamás se esfumarían aquel demonio con cuerpo de Johana.

Andrés volvió la mirada a sus esposa que dormí plácidamente. El niño ronroneaba en la cuna y de su entrepierna emergió el escozor que sintió en la playa. Deslizó su mano por debajo de las sábanas, su mujer abrió los ojos y Andrés no puedo evitar revivir aquella noche los besos del demonio que surcaron su piel.

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Comentarios 10

  • hace 10 meses enviado porThe_dark_angel
    Me arrodilló ante usted con tremenda escritura, buen lexico y una redacción que uff... usted señor se merece todo mi respeto en lo que ha escritura se refiere. Lo unico que no se, es si este tema merece llevar un "+18" en el titulo por el leve contenido erotico. Por cierto, espero que reanudes el torneo de fics en un futuro más activo.
  • hace 10 meses enviado porAniza21
    jajaajaj que bueno que aguien aun me recuerde :v
  • hace 10 meses enviado porAniza21
    Tal vez reanudo el torneo el año que viene.
  • hace 10 meses enviado porAniza21
    Quisiera escribir mas, pero aveces pienso que a nadie le interesa y me desanimo.
  • hace 10 meses enviado porJoel253
    Al leer esto recorde aquel sueño donde tenia una paralisis del sueño y esa mujer se me aparecio, aun puedo sentir la sensacion de su mano.
  • hace 10 meses enviado porThe_dark_angel
    Me pasa lo mismo con lo de la escritura, pero aun así, aunque sea una página por día para no perder la maña Xd.
    PD: No se si pensar, Joel, que esa sensación fue buena, mala o +18 XD
  • hace 10 meses enviado porJoel253
    Ella aparecio en la puerta del baño la cual se encuentra enfrente de mi cama, ella empezo a acercarse hacia mi cama, yo al estar con la paralisis no me podia mover, sin embargo pude mover mi mano hacia la computadora que estaba a mi derecha yo intente encenderla pero esta no encendia, ella empezo a subir a la cama, con la unica mano que podia mover agarre el cargargador de la computadora y la conecte pero esta aun no encendia. Ella puso su mano sobre mi pecho y yo puse la mia sobre la suya, su mano a lo mas cercano en lo que puedo describir se sentia como tocar la superficie del tronco de un
  • hace 10 meses enviado porJoel253
    Pino entonces el mundo empezo a temblar o quizas era yo, todo se oscurecio y volvi a ¿Dormir? ¿Dejar de soñar? A la mañana siguiente me desperte la computadora encendia sin necesidad del cargador. Algo que se me olvido mencionar es que anteriormente la luz del baño estaba encendida y cuando ella aparecio no lo estaba, obviamente al deslertar lo seguia estando. puedo decir que no tuvo miedo quizas lo era al hacer las cosas mencionadas yo tome un caracter burlista al pensar en eso de que no me podia mover al lograrlo senti algo de sastifaccion, tambien siento que me dijo algo pero no lo recuerdo
  • hace 10 meses enviado porJoel253
    Y no ¿Lamentablemente? Sigo siendo virgen hasta en mis sueños hubo una vez donde estaba con mi novia una kitsune :v ella se puso "violenta" y se me lanzo caimos al piso cuando tenia la intencjon de besarla, viene en si ¿Desde cuando tengo novia? Al volver en mi ella quiso asesinarme con la punta de un tacon :'v aun sigo maldiciendo mi existencia por llegar a tener consciencia de mi, era una kitsune ¿que mas querias?
  • hace 10 meses enviado porThe_dark_angel
    que te quisiera? pero no matar XD

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enviado por Aniza21

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